viernes, 6 de julio de 2007

La SGA ataca de nuevo. Pásalo.


Escrito y firmado por Jose Luis San Pedro, escritor, filósofo y buena gente.

POR LA LECTURA

Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931,vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus "clientes" éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl Mars.

Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y veces también ellas quedaban prendadas.

Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.

Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir –eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada.

En la vida corriente el que paga una suma es porque:
a) obtiene algo a cambio.
b) es objeto de una sanción.

Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?

Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores enla operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro vendido? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?

Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos?

No entiendo a esa Europa mercantil.Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.

Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.

¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

José Luis Sampedro

Si os parece, pasarlo a vuestras listas de correo para correr la voz.


Por cierto, como decia Serrat en una de sus canciones , y ahora hablando del abandono de nuestra biblioteca municipal, "... al techo no le iria nada mal .... una mano de pintura." Y nuestra pintura en este caso , no seria de esa que aplican los pintores en las paredes, sino que nos referimos a una dignificación de las condiciones generales de la biblioteca nuestro pueblo y su funcionamiento.

jueves, 5 de julio de 2007

Con el tiempo

"Con el tiempo, te vas dando cuenta de que
para ser feliz con otra persona,
necesitas, en primer lugar,
no necesitar de ella.

Te das cuenta también que aquél alguien
que tu amas (o crees amar) y
que no quiere nada contigo, definitivamente
no es el "alguien" de tu vida.

Aprendes a quererte, a cuidarte y ,
principalmente,
a apreciar a quien también te aprecia.

El secreto es no correr detrás de las mariposas...
es cuidar del jardín para que ellas vengan hasta ti.

A fin de cuentas, tu vas a encontrar no a quien estabas buscando,
sino a quien estaba buscándote."

No era feliz

No era feliz...
Entonces, escribió un libro,plantó un árbol,
tuvo un hijo y tampoco pudo decir que lo era.
Entonces, escribió otro libro,
plantó más árboles y tuvo varios hijos,
pero nada cambió.
Entonces, escribió sobre el árbol,
tuvo cinco mil libros, plantó a sus hijos,
y fue más desdichado.
Entonces, plantó los libros,
le escribió a sus hijos y se sintió más desgraciado.
Entonces, cerró el libro, le habló a sus hijos
y se durmió bajo el árbol para siempre.


En ese lugar hay una placa que dice:
"Yace aquí un hombre que se olvidó de amar a los árboles,
a los hombres y a sus hijos"


Jorge Bucay

miércoles, 4 de julio de 2007

El relojero

Soy el encargado de dar las señales de la hora en la radio.
Hoy me reí de todos. Me las arreglé para que a las 12 sonara la 1 del mediodía.
¡Que confusión! Los Bancos cerraron antes, miles de cheques protestados. Escolares en estampida de los colegios…. Y hasta el cambio de la guardia en la Zarzuela confundido.
Me reí a carcajadas.
Cuando llego a mi casa, una hora antes, veo a mi vecino saltar desnudo por la ventana.
Ya no me río.

martes, 3 de julio de 2007

"Hay poca diferencia entre las personas,
pero esa pequeña diferencia es la que nos hace ser tan diferentes."

(W. C. Stone)

lunes, 2 de julio de 2007

Contrastes


Sabiduria oriental

Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un día el hijo le dijo:
-¡Padre, qué desgracia! Se nos ha ido el caballo.
-¿Por qué le llamas desgracia? - respondió el padre -veremos lo que trae el tiempo...
A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo.
-¡Padre, qué suerte! - exclamó esta vez el muchacho -Nuestro caballo ha traído otro caballo.
-Por qué le llamas suerte? - repuso el padre - Veamos qué nos trae el tiempo.
En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo.El muchacho se quebró una pierna.
-¡Padre, qué desgracia! - exclamó ahora el muchacho - ¡Me he quebrado la pierna!
Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría,sentenció:
-¿Por qué le llamas desgracia? ¡Veamos lo que trae el tiempo!
El muchacho no se convencía de las palabras de su padre sino que gimoteaba en su cama. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.
El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.

Friedrich Von Hardenberg-ek esandakoa

"Inoiz barrerik egin ez duena ez da pertsona serioa."

domingo, 1 de julio de 2007

Mozart entzun

Pentsatzea, Montes kapitaina, zeure lokuluxka egiten jarrai zenezakela. Egiazki, nekatuta zaude. Atzoko lana Góngora izan zela onartu behar da; batera heldu ziren hamabi preso horiek nahiko zauriturik zeuden, eta zuek apur bat gehiago hondatu zenituzten.
Horrek beti ondoeza eragiten du, batez ere ezer esatea lortzen ez denean, ezta ere zapaten zenbakia edo alkandoraren neurria. Norbaitek hitzegiten duen gutxitan (las pocas veces), horrekin infernua bukatuko dela uste duelako (gizagaixoa!), orduan lan zikinak poztasun minimo bat sorrarazten dizu. Azken finean, helburu onak bitartekoak on egiten dituela irakatsi zizuten, baina zuk ez duzu gogoratzen zein den helburua. Zure espezilitatea beti izan dira bitartekoak eta hauek erabatekoak, errukigabeak eta eraginkorrak izan behar dira. Buruan sartu zizuten gaztetxo fresko, osasuntsu eta ausart hauek (zuk zera gaineratuko zenuke: eta fanatikoak) zure arerioak zirela, baina egun ez zaude oso ziur nortzuk diren zure lagunak. Gutxienez Ochoa koronela zure laguna ez dela badakizu. Koronela ez da lohitzen kiratsa jario duten lanetan, ahula zarela uste du eta Vé'8elez tenientearen eta Falero nagusiaren aurrean esan dizu. Zuk ez duzu inoiz ulertuko nola Falero eta Vé'8elez-ek galdeketa bat bestearen atzean patxadatsuki egin dezaketen, emendiorik galdu barik, botoi bat lasaitu edo ilea harrotu barik, Faleroren kasuan beltza eta gogortua, eta ondulatua eta gorria Vé'8elez-ena. Lokuluxkak umore txarra eragiten dizu. Baina gaur bereziki umore txarreko zara. Agian Amandak bart lotsatiki, larrua jo ostean, ezinbesteko tentsio zapuztu batekin "ez al litzateke hobeagoa izango..."iradoki zizulako eta zu lehertu zinen, haserre eta despitez ia orro egin zenuen, agian berdina pentsatzen zenuelako, baina nola bururatzen ote zitzaion inori orain erretiroa eskatzea, beti susmo gogaikarri eta juzguak bizten dituen zerbait. Eta gainera, "barne gerra garaian"aitzakia izugurria izan beharko litzateke, minbizia, erretina – askatzea edo zirrosia gisako zerbait. Baina negargarria da Amandak pentsatu izana, bakarrik pentsatu. "Jorgito gogoan dut eta ikaratzen naiz". Eta zer uste du? Zuk etorkizun bikaina iragartzen duzula? Eta hori berak egun bakoitzaren zertzeladak ezagutzen ez dituela kontuan hartu barik. Berak ez daki nola sentitu zinen La Tejan jausi zen neskatilari hortzak banan – banan atera behar izan zenizkiotenean, pazientzia eta ardurarekin. Edo lan – bilkura bakarraren ostean langile ahutz handidun hari barrabil bat moztuko ziotela jakin zenuenean. Berak ez daki ezer. Batzutan mih gaiztoek esaten dutena egi ote den galdetzen dizu: kuartel honetan edo erregimentu hartan aitorpenak eragiten dituztela prozedura beldurgarrien bidez. Eta sinesgarria da zera esatea: "Horrelako zerbait aginduko ez ahal dizute". Jakina, ezetz esan beharko zenuke eta batek daki orduan zer jasoko litzaizukeen". Eta zuk, beti bezala, lasaitzen duzu, lehenengoz agindu zizutenean ez zenuela ezetz esan aitortu ezinik, "choa koronelari ezin zeniolako horrelako aitzakia bat eman" Egun mikatz hartan zure karrera jolastu eta ez galtzea erabaki zenuen; eta gauez denbora luzez botaka egiten egon arren, Amandak, zure goragaleen zaratotsekin esnatuta, zer gertatzen zitzaizun galdetu zizunean zuk txerrikumeak ez zizula onik asmatu zenuen. Arazoa ez zen hantxe bukatu eta gau askotan mutiko harekin amets egiten zenuen: zigorra hasten zen bakoitzean ahoa irekitzen zuena soinurik atera gabe, eta begiak gogor estutu eta garondoa haga bat bezain gogor ipintzen zuena. Orain, jakina, horri bueltak ematea ez duela merezi uste duzu. Erabakia hartu zenuen egunean, agur. Edozein modutan, zuk uste duzu egiten duzuna egiteko arrazoi moralak badauzkazula. Baina arazoa da arrazoi morala ez duzula gogoratzen, baizik eta odola isurtzen duen aho bat edo tolesten den gorputz bat. Hortaz, nahiko logikoa da itxuraz disko – jogailua konektzea eta Mozart-en edozein sinfonia ipintzea. Orain gutxi, musikarekin garbitasuna, oreka, arazketa eta doikuntza lortzen zenuen. Oraintxe bertan, igoera espiritual horretan, adore jostagarri honetan, irudi ospel, kuarteleko patio, oihu urratzaile, zeure lotsatik aldentzen zara. Bibolinek galeoteek gisa lan egiten dute, biolek eme arras zintzoek bezala laguntzen dute, adarrek konbentzimendu gehiegi barik galdetzen dute. Baina ez da ardura. Zuk batzutan konbentzimendu barik ere galdetzen duzu, eta akuilua badarabilzu, hain zuzen ere horrexegatik da, aberria gogora ekartzeko edo bera izorratzeko. Mozart Amandarekin Sodre-ko kontzertuetara joaten zinenetik gustatzen zaizu, oraindik Jorgito eta subertsiorik ez zegoenean, eta kuarteletako lanik irregularrena matea edatea zenean, eta benetan, zein ondo loditzen zuen Martínez soldaduak. Mozart gustatzen zaizu, ez betidanik, baizik eta Amandak bera maitatzen irakatsi zizunetik. Eta begira zein bitxia, orain Amandak ez du musika entzuteko gogorik, ez Mozart ez ezer; beldur da, atentatuen beldur da eta Jorgitoren ardura dauka. Eta jakina, Mozart ezin entzun daiteke beldurrarekin baizik eta arima libre eta kontzientzi lasaiarekin. Orduan disko – jogailua itzaltzen baduzu hobe. Horrela ondo dago. Edozein modutan, bibolinak, ikusi?, astiro hondatzen den miraria legez soinu egiten darraite, kuartelean min – alarauak hots egiten darraiten moduan inork jaurtitzen ez dituenean. Bakarrik zaude etxean. Etxe polita. Amanda bere ama ikustera joan da, atso usteldu eta begiluzea pentsatzen duzu. Eta Jorgito ez da oraindik Neptunotik itzuli. Seme polita, pentsatzen duzu. Bakarrik zaude, eta living-eko leihotik lorategiko irudi eguzkitsua sartzen da. Ochoa Vélez eta Falerorekin izango da orain. Korenelak konfidantza ematen die zure kontrako aliatuak lortzeko bakarrik. Gorrotatzen zaituelako, jakina. Inork ez du zalantzan ipintzen. Baliteke zuk presoak gorroto izatea, Ochoaren gorroto aitzakia direlako bakarrik. Korapilotsua, ezta? Mereziak egin dituzu eta haatik, alferrekoa dela dakizu. Nahiz eta gogorra edo bihozgabea izan edo agertu, Ochoak inoiz barkatuko ez zaituela dakizu. Zu izan zinelako gau batean, galdeketa eta galdeketaren artean bere alaba "isilpera pasatu ote zen"galdetu ziona. Ardurarekin galdetu zenion, eta elkartasun planta batekin, tipoarekin liskarrak eduki arren, azken finean "gorputzaren arima" ondo finkatua daukazu. Inoiz ez duzu ahaztuko bere begirada mindua. Jakina, egia zen, egundoko neska hura, Aurora Ochoa, Zulema ezizenekoa, isilpera pasatu zen eta zortzietako komunikatuetan errekeritzen zuten, eta koronelak esaldi exortzista bat aurkitu zuen eta hari gogor eusten zion: "Ez iezadazue degeneratu horri buruz berba egin; ez da nire alaba". Eta zuri, ostera, ez zizun ezer esan, eta hori izan zen agian larriena. Begiradarekin zulatu zizun eta zera agindu zuen: "Montes Kapitaina, joan zaitez". Eta zu, errituzko agurraren ostean, joan zinen. Ez zenion gogo txarrez galdetu, batez ere Ochoarentzat subertsioa (ikaragarria edozein ofizialarentzat) bere etxean sartu izanaren ardura hartu zenuelako. Baina ezabatu zinen, eta ordutik Ochoa unitatearen aurrean egongo zen bitartean, akabo zinela jakin zenuen. Orain whisky bat edaten duzu, hain goiztik hastea gustatzen ez zaizun arren. Baina ez zaitez torturatu, torturatzaile; ez da posible Mozart eta whisky barik geratzea aldi berean. Gutxienez, whiskyak Mozart-ek baino exijentzia gutxiago dauzka. Tragu bakoitzarekin disfrutatzeko behintzat, ez da ezinbestekoa kontzientzia garbi edukitzea. Are gehiago, kontzientzi txarra bi izotzekin, konbinazio ederra da, Cardarelli kapitainak esaten duen bezala, zure eskuinekoa, gauerdian tregoa bat ematen denean, ahosabaian akuilua eman ostean, urpeko lehorra eta kolpea giltzurrunetan. Inoiz pentsatu duzu zer jaso izan litzaizuke ezezkoa eman izan bazenu? Jakina pentsatu zenuela. Eta datu hurbil eta argigarriak dauzkazu: Ramos tenienteari zigor bihozgabea eta Silva kapitainaren hondaketa umiliagarria, zure ezkerrekoa. Eurek ez zuten lan zikina egin, ez zituzten euren buruak baimendu eta erabaki horrekin euren karrera pikutara bidali zuten. Edo agian ganorazkoak izan ziren bakarrik, batek daki. Ganorazkoak eta hezigabeak. Milioiaren galdera: Noraino eramango zaitu zure diziplinaren zentzuak, Montes kapitaina? Zure maitatzeko gaitasuna ezabatzen joatera? Zeure gorrotoak ohitura bihurtzera? Krimen gehiago egitera eramango zaitu besteen izenean? Ispiluetan ageri den zeure irudiari ihes egitera? Noraino eramango zaitu zure diziplinaren zentzuak, Montes kapitaintxo? Zeure errutinak eraso, zauritu, zulatu, apurtu, bortxatu, moztu, ito edo hiltzera baimentzera? Hilketa bakoitzak lehorrago, hotzago, ustelduago edo motelago utz zaitzaila lortzera? Noraino eramango zaitu diziplinaren zure zentzuak kapitain, kapitaintxo? Inoiz pentsatu al duzu Ramos zigortuak eta Silva hondatuak Mozart edo Troilo (edo nahi dutenei) entzun ditzaketela, nahiz eta memorian izan? Orain Jorgito azkenik itzuli dela eta musu ematera hurbiltzen zaizula, ez legoke txarto berari buruz pentsatzea. Zure semeak orain ez dakiena denborarekin barkatuko dizula uste al duzu? Baliteke bera maitatzea. Zure modura, jakina. Baina zure modua ere aldatu da. Lehen berarekin zintzoa zinen. Diziplina gogorrak ez dizu zorroztasuna irakatsi bakarrik, baizik eta zehaztasun barik zuk egia deitzen zenuen hura (jardun eta itxura batzuetarako ere). Jorgito garrantzirik gabeko gezur batean ustekabean harrapatzen zenuenean, berarengan husten zenuen zeure sumindura sakratua. Zure Hirutasun Santua Jaungoikoak, Komandante Nagusiak eta Egiak osatzen zuten. Askotan Jorgito jo zenuen Amandaren gainerakoekin geratu zelako edo zazpiaren taula zekiela esaten zuelako eta gezurra zelako. Orain asko, eta egiazki orain gutxi, jaso zen guzti hura. Polizia subertsioaz arduratzen zen oraindik eta zuek matea edaten jarraitzen zenuten kuarteletan. Baina txikiak bere bizitzako lehen kolpeak jaso zituenean, gogoratzen al zara? Orduan etorri ziren Mozart entzuten jarraitu ezin zenuen gauak. Egun batean lasaitasuna galdu zenuen, eta, Amandaren espantuaren aurrean, flauta eta orkestrarako kontzertua birrindu zenuen, eta haserraldiaren ondorioz Garrard-a konpondu behar izan zenuten. Hirutasun Santua bitasun oraindik okertezin batera murriztu zen; Jaungoikoa eta Komante Nagusia. Eta ez da arriskutsuegia azken unitatea iragartzea: Komandante Nagusia hutsik. Orain ez diozu Jorgitori eskatzen egi zorrotza, garbi, eta edergarri eta itxurakeririk gabekoa, agian egia esatera ez zinatelako ausartuko, zure lanaren egi izugarri zikina. Pentsatzea Montes kapitaina, kapitaintxo, lotalditxoa egiten jarrai zenezakela eta beraz ez zenukela oraintxe bertan zure semeak egiten dizun galdera erantzun behar (agian bihar erantzun beharko zenuko baina inork ez dakin nola funtzionatzen duten umeengan ahanzturaren giltzak): "Aita, egia al da torturatzen duzula?". Y tampoco te habrías visto obligado, como ahora, después de tragar fuerte, a responder con otra pregunta: "Y de dónde sacaste eso?", aun sabiendo de antemano que la respuesta de Jorgito va a ser: "Me lo dijeron en la escuela". Y claro, dices, masticando cada sí'92laba: "No es cierto. No es cierto como te lo dijeron. Pero, hijito, tienes que comprender que estamos luchando con gentey pero que muy peligrosa que quiere matar a tu papá, a tu mamá, y a muchas otras personas que tú quieres. Y a veces no hay más remedio que asustarlos un poco, para que confiesen las barbaridades que preparan". Pero el insiste: "Está bien, pero tú... tortu?". Y de pronto te sientes cercado, bloqueado, acalambrado. Só'97lo atinas a seguir preguntando: "Pero a qué llamas tortura?. Jorgito está bien informado para sus ocho años: "Cómo a qué? Al submarino, pa. Y a la picana, y al teléfono". Por primera vez esas palabras te taladran, te joden. Sientes que te pones rojo, y no tienes modo de evitarlo. Amorruz gorri, gorri lotsaz. Lasaitasun itxura berreskuratzen saiatzen zara baina toteldura bat ateratzen zaizu bakarrik: "Jakin daiteke zure lankideetan zeinek sartzen dizkizun zikinkeria horiek buruan?". Baina ikusten duzun moduan Jorgito zorrotz dago. "Zertarako jakin nahi duzu?" "Tortura dezaten?". Hori lar da zuretzat. Orduan konturatzen zara – ez dakizu ikaraturik edo txunditurik- maitasuna hustu zaizula. Alfonbratxo marroian edalontzia uzten duzu geratzen den whiskyarekin eta urrats motel eta markatuekin ibiltzen hasten zara. Jorgitok aulki beltzan jarraitzen du, bere begi berdeekin gero eta errugabe eta bihozgabekoagoak. Urrats luzea ematen duzu aulkiaren atzean kokatzeko, esku biekin garondo babesgabe eta errugabe hori laztantzen duzu, iletxoak eta orinak dituena, eta zera esaten diozu: "Ez da kasurik egin behar semetxo, jendea batzutan oso txarra, oso txarra da. Ulertzen semetxo? Eta orduan mutikoak zailtasunarekin "Baina, aita" esaten du, zuk lepazurra laztantzen jarraitzen duzu, eta leunki garondo hori tinkatzen eta gero, Mozarti betirako uko eginez (orain bai) gupidagabeki estutzen eta estutzen duzu zure etxe polit eta hondatuan dardar bako zure ahotsa bakarrik entzuten dela: "Ulertzen puta semetxo?".

Mario Benedetti. Ipuinak

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Pensar, capitán Montes, que hubieras podido seguir durmiendo tu siesta. En realidad, estás cansado. Hay que reconocer que la faena de ayer fue dura, con esos doce presos que llegaron juntos, ya bastante maltrechos, y ustedes tuvieron que arruinarlos un poquito más. Eso siempre te deja un malestar, sobre todo cuando no se consigue que suelten nada, ni siquiera el número de zapatos o el talle de la camisa. Las pocas veces en que alguien habla, pensando (pobre ingenuo) que eso signifique al final del infierno, entonces el trabajo sucio te deja por lo menos una satisfacción mínima. Después de todo, te enseñaron que el fin justifica los medios, pero tú ya no te acuerdas de cuál es el fin. Tu especialidad siempre fueron los medios, y éstos deben ser contundentes, implacables, eficaces.
Te metieron en el marote que estos muchachitos tan frescos, tan sanos, tan decididos (tú agregarías: y tan fanáticos), eran tus enemigos, pero a esta altura ya ni siquiera estás demasiado seguro de quiénes son tus amigos. Por lo menos sabes a ciencia cierta que el coronel Ochoa no es tu amigo. El coronel, que jamás se mancha el meñique con ningún trabajo que apeste, te considera un débil, y te lo ha dicho delante del teniente Vélez y del mayor Falero. Tú no siempre alcanzarás a comprender cómo Falero y Vélez pueden efectuar tan calmosamente un interrogatorio tras otro, sin perder nada de su compostura, sin que se les afloje un botón ni se les desacomode el peinado, negro y engominado en Falero, ondeado y pelirrojo en Vélez.
La siesta te deja siempre de mal humor. Pero hoy estás especialmente malhumorado. Quizá porque Amanda te sugirió anoche, tímidamente, después de haber hecho el amor con una tensión inevitable y frustránea, "si no sería mejor que", y tú estallaste, casi rugiste de indignación y despecho, acaso porque también pensabas lo mismo, pero a quién se le ocurría ahora pedir el retiro, algo que siempre despierta fastidiosas sospechas y aprensiones. Y además, en "época de guerra interna", el pretexto tendría que ser tremendo, nunca menos que cáncer, desprendimiento de retina o cirrosis. Pero lo lamentable es que Amanda lo haya pensado, simplemente pensado. "Pienso en Jorgito y me da pánico". Y qué se cree? Que tú vislumbras un porvenir espléndido? Y eso que ella no sabe los pormenores de cada jornada.

No sabe cómo te sentiste cuando a la muchacha que cayó en La Teja hubo que irle sacando los dientes uno por uno, con paciencia y con celo. O cuando tuviste conciencia de que, al cabo de una sola sesión de trabajo, aquel obrerito mofletudo había quedado listo para que le amputaran un testículo.
Ella no sabe nada. Incluso a veces te comenta si será cierto lo que dicen las malas y peores lenguas: que en el cuartel tal y en el regimiento tal, arrancan confesiones mediante espantosos procedimientos. Y es increíble que te diga: "Ojalá nunca te ordenen hacer algo así. Porque, claro, tendrías que negarte, y vaya a saber qué te sucedería".
Y tú tranquilizándola como de costumbre, sin poderle confesar que cuando te lo ordenaron la primera vez ni siquiera esbozaste una tímida negativa, porque no le podías dar al coronel Ochoa ese pretexto en bandeja. Fue en esa amarga jornada cuando te jugaste tu carrera y decidiste no perder, y aunque de noche estuviste vomitando durante horas, y Amanda, al despertarse con el fragor de tus arcadas, te preguntó qué te pasaba y tú te inventaste lo del lechón que te había sentado mal, la cosa no terminó ahí y durante muchas noches soñaste con aquel muchacho que, cada vez que comenzaba el castigo, abría la boca sin emitir sonido alguno y apretaba los ojos y ponía el pescuezo duro como una viga.
Ahora piensas, claro, para qué darle más vueltas. Una vez que te decidiste, adiós.
De todas maneras, tú crees que tienes motivos morales para hacer lo que haces. Pero el problema es que ya casi no te acuerdas del motivo moral, sino pura y exclusivamente de una boca que sangra o un cuerpo que se dobla. De modo que aparentemente es bastante lógico que conectes el tocadiscos y coloques en el plato una cualquiera de las sinfonías de Mozart.
Hace poco, la música te limpiaba, te equilibraba, te depuraba, te ajustaba. Ahora mismo, en esa ascensión espiritual, en este brío juguetón, te alejas de las imágenes sombrías, del patio del cuartel, de los gritos desgarradores, de tu propia vergüenza. Los violines trabajan como galeotes, las violas acompañan como hembras fidelísimas, el corno interroga sin demasiada convicción. Pero no importa. Tú también a veces interrogas sin convicción, y si aplicas la picana es precisamente por eso, porque tú evoques la patria o lo putees. Mozart te gusta desde que ibas con Amanda a los conciertos del Sodre, cuando todavía no había Jorgito, ni subversión, y la faena más irregular de los cuarteles era tomar mate, y por cierto qué bien lo cebaba el soldado Martínez.
Mozart te gusta, no desde siempre, sino desde que Amanda te enseñó a gustarlo. Y fíjate qué curioso, ahora Amanda no tiene ganas de escuchar música, ninguna música, ni Mozart ni un carajo, sencillamente porque tiene miedo y teme atentados y vela por Jorgito, y claro a Mozart no se le puede escuchar con miedo sino con espíritu libre y la conciencia tranquila. O sea, que mejor apagas el tocadiscos. Así está bien. De todas maneras, los violines, ¿viste?, quedan sonando como un prodigio que se deteriora lentamente, tal como a veces quedan sonando en el cuartel los alaridos de dolor cuando ya nadie los profiere.
Estás solo en la casa. Linda casa. Amanda fue a ver a su madre, vieja podrida y metete, apuntas. Y Jorgito no volvió aún del Neptuno. Hijito lindo, apuntas. Estás solo, y por el ventanal del living entra la soleada imagen del jardín. Ochoa estará ahora con Vélez y Falero. El coronel les da confianza nada más que para conseguir aliados contra ti. Porque te odia, claro. Nadie lo pone en duda. Puede ser que tú odies a los presos, nada más que por ellos son el pretexto de odio de Ochoa. Rebuscado, ¿no? Haces méritos y sin embargo comprendes que es inútil. Por fuerte o desalmado que seas, o parezcas, demasiado sabes que Ochoa nunca te perdonará. Porque fuiste tú el que una noche, entre interrogatorio e interrogatorio, le preguntó si era cierto que su hija "había pasado a la clandestinidad". Se lo preguntaste con cautela, y también con un amago de solidaridad, ya que, pese a tus encontronazos con el tipo, después de todo tienes bien arraigado el "espíritu de cuerpo". Nunca vas a olvidarte de la mirada resentida que te dedicó, porque claro, era cierto, aquella esplendorosa piba, Aurora Ochoa, alias Zulema, había pasado a la clandestinidad y era requerida en los comunicados de las ocho, y el coronel había encontrado una frase exorcista a la que se aferraba con unción: "No me mencionen a esa degenerada; ya no es mi hija". Sin embargo, a ti no te la dijo, y eso fue acaso lo más grave.
Simplemente te taladró con la mirada, y ordenó: "Capitán Montes, retírese". Y tú, después del saludo ritual, te retiraste. No se lo habías preguntado con mala leche, sobre todo porque te hacías cargo de lo que representaba para Ochoa el hecho (escalofriante para cualquier oficial) de que la subversión se hubiera colado en su propio hogar.
Pero te borraste, y a partir de esta reculada comprendiste que mientras Ochoa estuviera al frente de la unidad, estabas liquidado. Ahora te sirves whisky, por más que no te gusta empezar tan temprano. pero no te tortures, torturador; no es posible que de una sola vez te quedes sin Mozart y sin whisky. por lo menos el whisky tiene menos exigencias que Mozart. Al menos, para disfrutar cada trago, no es imprescindible que tengas la conciencia tranquila. Más aún, mala conciencia con dos cubitos de hielo, es una bella combinación, como bien dice el capitán Cardarelli, de tu derecha, cuando se concede una tregua a medianoche, después de administrar una compleja sesión de picana en paladar, submarino seco y trompadas en los riñones.
¿Alguna vez pensaste que habría sido de ti si te hubieras negado? Claro que lo pensaste. Y tienes datos muy cercanos y esclarecedores: la brutal sanción al teniente Ramos y la humillante degradación del capitán Silva, de tu izquierda.
Ellos no se animaron a hacerse cargo del trabajo mugriento, no se autorizaron a sí mismos aunque con esa decisión mandaran su carrera a la mierda. O quizá fueron simplemente decentes, vete a saber.
Decentes e indisciplinados. Una pregunta por el millón: Hasta dónde te llevará tu sentido de disciplina, capitán Montes? A ir cancelando tu capacidad de amor? A convertir tus odios en rutina? Te llevará a cometer más crímenes en nombre de otros? A rehuir tu imagen en los espejos? Hasta dónde te llevará tu sentido de la disciplina, capitancito Montes? A permitir que tu rutina agreda, hiera, perfore, fracture, viole, ampute, asfixie, inmole? A lograr que cada inmolación te deje más reseco, más frío, más podrido, más inerte?
Hasta dónde te llevará tu sentido de disciplina, capitán, capitancito? Pensaste alguna vez que el sancionado Ramos y el degradado Silva acaso puedan escuchar a Mozart, o a Troilo (o a quien se les dé en los forros), aunque sea en la memoria?
Ahora que por fin ha vuelto Jorgito y se acerca a besarte, no estaría mal que pensaras en él. Crees que con el tiempo tu hijo te perdonará lo que ahora ignora? A lo mejor lo quieres. A tu manera, claro. Pero tu manera también ha cambiado. Antes eras franco con él. La rígida disciplina no sólo te había inculcado el rigor, sino algo que tú llamabas, sin precisión alguna, la verdad, también para ejercicios, simulacros. Cuando sorprendías a Jorgito en una insignificante mentira, descargabas en él tu cólera sagrada. Tu santísima trinidad estaba integrada por Dios, el Comandante en Jefe, y la Verdad. Muchas veces le pegaste a Jorgito porque se le había quedado a Amanda con unas míseras vueltas, o porque decía saber la tabla del siete, y no era cierto.
Hace tanto, y en realidad tan poco, desde esos arranques. La subversión era todavía atendida en la órbita meramente policial, y vosotros seguíais tomando mate en los cuarteles. Pero esas veces en que el botija recibió sin una lágrima las primeras trombadas de su vida, fueron, ¿te acuerdas?, inevitablemente seguidas por las primeras y frustráneas noches en que no fuiste capaz de seguir escuchando a Mozart.
En una ocasión hasta perdiste la calma, y, ante el estupor de Amanda, hiciste añicos el concierto para flauta y orquesta, y como consecuencia de la rabieta hubo que reparar el Garrard. Pero hace mucho que te borraste de la verdad. La santísima trinidad se redujo a una dualidad todavía infalible: Dios y el Comandante en jefe. Y no es demasiado aventurado pronosticar desde ya la unidad final: el Comandante en jefe a secas. Ahora no le exiges, perentoriamente a Jorgito que te cuente la verdad estricta, inmaculada, despojada de adornos y disimulos, quizás porque jamás te atreverías a decirle la verdad, la escandalosamente sucia verdad de tu trabajo.
Pensar, capitán Montes, capitancito, que podías haber seguido durmiendo la siesta, y en ese caso aún no habrías enfrentado (quizás tendrías que enfrentarla mañana, aunque nunca se sabe cómo funcionan en los chicos las claves del olvido) la pregunta que en este instante formula tu hijo, sentado frente a ti en la silla negra; "Pa, ¿es cierto que tú torturas"
Y tampoco te habrías visto obligado, como ahora, después de tragar fuerte, a responder con otra pregunta: "¿Y de dónde sacaste eso?", aun sabiendo de antemano que la respuesta de Jorgito va a ser: "Me lo dijeron en la escuela". Y claro, dices, masticando cada sílaba: "No es cierto. No es cierto como te lo dijeron. Pero, hijito, tienes que comprender que estamos luchando con gente muy pero que muy peligrosa que quiere matar a tu papá, a tu mamá, y a muchas otras personas que tú quieres. Y a veces no hay más remedio que asustarlos un poco, para que confiesen las barbaridades que preparan".
Pero él insiste: "Está bien, pero tú... ¿torturas?". Y de pronto te sientes cercado, bloqueado, acalambrado. Sólo atinas a seguir preguntando: "Pero ¿a qué llamas tortura?. Jorgito está bien informado para sus ocho años: "¿Cómo a qué? Al submarino, pa. Y a la picana, y al teléfono". Por primera vez esas palabras te taladran, te joden. Sientes que te pones rojo, y no tienes modo de evitarlo. Rojo de rabia, rojo de vergüenza.
Intentas recomponer de apuro cierta imagen de serenidad, pero sólo te sale un balbuceo: "¿Se puede saber cuál de tus compañeritos te mete esas porquerías en la cabeza?". Pero ya lo ves, Jorgito está implacable. "¿Para qué quieres saberlo? ¿Para hacer que lo torturen?". Eso es demasiado para ti. De pronto adviertes -no sabes exactamente si horrorizado o estupefacto- que te has vaciado de amor. Depositas sobre la alfombrilla marrón el vaso con el resto de whisky, y empiezas a caminar a pasos lentos y marcados. Jorgito sigue en la silla negra, con sus ojos verdes cada vez más inocentes y despiadados. Das un largo rodeo para situarte detrás del respaldo, acaricias con ambas manos aquel pescuezo desvalido, exculpado, con pelusa y lunares, y empiezas a decirle: "No hay que hacer caso hijito, la gente a veces es muy mala, muy mala. ¿Entiendes hijito?". Y no bien el pibe dice con cierto esfuerzo: "Pero, pa", tú sigues acariciando esa nuca, oprimiendo suavemente esa garganta, y luego, renunciando (ahora sí) para siempre a Mozart, aprietas, aprietas inexorablemente, mientras en la casa linda y desolada sólo se escucha tu voz sin temblores: "Entendiste, hijito de puta?".
(Mario Benedetti. Cuentos)

martes, 19 de junio de 2007

Se acabaron las pausas en el trabajo


Con la silla "trono" ya no podrás perder el tiempo yendo al baño.

Esas "meaditas" para estirar las piernas se evitarán con este novedoso sistema por ¡solo 85€! . Ahora podrá evacuar sin levantarse de su asiento ya que su asiento será un retrete.

Por 150€ más se incluye cisterna y ambientador para los momentos más peligrosos.Si lo compra hoy recibira de regalo el pack "trabaja cabrón" valorado en 30€ que incluye cafetera, bolsitas con café, cucharillas, tazas y azucarillos para evitar las escapadas cafeteras y, atención, también recibirá el inhibidor de frecuencia de móviles para evitar llamadas urgentes.
Si no es suficiente, por solo 140€ dispondrá del kit "dulces sueños" que incluye un saco de dormir, almohada y muñeca hinchable.

Y para que coman algo tus trabajadores ponles una máquina de "Vending" con todo tipo de comida y bebida para así además sacarle las míseras perras que ganan en tu empresa.

Por la compra de nueve "tronos" recibira otro de regalo, ya sabes, por si vienen más becarios a la empresa.

sábado, 16 de junio de 2007

viernes, 15 de junio de 2007

2ª carta a Bizkaibus

Estimado Iñaki :Te quiero dar las gracias por la atención prestada en la conversación telefónica que mantuvimos sobre el transporte en la zona minera.Sin embargo te quiero comentar que respecto a la toma de decisión de colocar el límite de la zona 2 entre Ortuella y Gallarta, esta no se atiene a los principios y procedimientos habituales.Tu me comentaste que se tenían en cuenta las zonificaciones de los transportes existentes y RENFE tiene y tenía ese límite entre Abanto y Muskiz. Igualmente la línea de Encartaciones entre Gallarta y Santurce tenía tarifa única y era la más baja. En la actualidad se paga un 25% más. No recuerdo los precios del resto de líneas de la zona minera.Además en la página de COTRABI donde se nos informa sobre el acuerdo de zonificación aparece el mapa del acuerdo y por razones misteriosas Abanto se ha caido de la zona 2 a la zona 3.Solo hay razones económicas para esta medida, favorables para diputación y desfavorables para los usuarios de Gallarta y Las carreras.Como ves la zonificación no es todo lo justa que parece. La situación de Muskiz, desde la lógica de la comparación de ambas márgenes, derecha e izquierda, es discutible pero lo de Abanto es un abuso a corregir.Esta es la carta que voy a mandar al director de transportes.Ortuella a 3 de enero de 2006

martes, 12 de junio de 2007

Defensa de la alegria

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas.
Defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos.
Defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias.
Defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres.
Defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa.
Defender la alegría como un derecho
defenderla de Dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar...
... y también de la alegría.


Mario Benedetti.

sábado, 9 de junio de 2007

Espacios para todas las personas





Esta mañana me encontraba yo tratando de sacar unos eurillos del cajero automático del BBV y me encuentro con la escena de una mujer en silla de ruedas empujada por su hijo que se quedaba en la calle, mientras el hijo entraba en las oficinas, porque la entrada no es accesible. Es decir, tiene un peldaño y el habitáculo de los cajeros no es suficientemente grande como para poder entrar con una silla de ruedas.

El otro día en el mismo lugar para acceder a la oficina tengo que pasar por un habitáculo mínimo, en el que cabe justo una sola persona y que , dicen que por motivos de seguridad, cuando pasas la primera puerta no puedes pasar a la segunda, hasta que se cierra a la primera. La señora de esta mañana evidentemente no hubiese podido ni entrar en el vestíbulo de este angosto habitáculo, reja de selección de seguridades. La señora se hubiese tenido que quedar fuera.


No entiendo que entidades de estas características, que presumen tantas veces de su obra social, no se plantean de una vez por todas la accesibilidad a sus oficinas de las personas con discapacidad o con problemas de movilidad.

No hablemos ya de la preparación de sus trabajadores para el trato y la ayuda que estas personas precisan para desenvolverse en el medio bancario, ni la movilidad dentro de las propias oficinas. No hablemos de las ayudas para personas ciegas o sordas, o con dificultades de comunicación, o con discapacidad intelectual...

¿Afectará tanto a la cuenta de resultado? ¿Habrá que montar un follón cada vez para que las instituciones, las bancarias y las no bancarias, se hagan accesibles , puedan ser usadas por todas/os?

¿No es hora ya de que esto no ocurra? ¿Podremos los ciudadanos y ciudadanas seguir impasibles como si el tema no fuera con nosotros? Todos podemos en ocasiones rompernos una pierna, podemos tener un serio problema visual, llevar con nosotros el cochecito con los gemelos, y lo que es más probable, todos vivimos cada vez más años con lo que eso supone de que con mas edad nuestras facultades bajan y precisamos en mayor medida de espacios públicos accesibles para todos.

miércoles, 6 de junio de 2007

¿Tierra?

El mar ya estaba en calma, todo había vuelto a la tranquilidad. La tripulación exhausta e inmóvil yacía por doquier mientras el joven capitán dormitaba agotado y pensativo. Había sido una dura lucha contra los vientos del este.
Ya no quedaba rastro de las velas inmaculadas, ni siquiera un recuerdo de los mástiles ni del timón labrado, tan solo frío. Frío y silencio. Y ¿esperanza?
Como el final de aquel cuento de galeones y piratas que le había narrado su abuelo, pero allí el silencio se rompía... Ahora sí, ¿gaviotas?, ¿tierra? ....
Su cayuco había llegado a la costa, estaban en Canarias.

Ciegos


Aquel año el invierno bilbaino se extendió lánguidamente hasta fines de abril. Como vivía sola y era ciega, tendía a permanecer en casa gran parte del tiempo.

Por fin, un día el frío desapareció y entró la primavera, llenando el aire con una fragancia penetrante y alborozadora . Por la ventana de atrás, un alegre pajarito gorjeaba con persistencia, invitándome a salir.

Consciente de lo caprichoso que es abril, me aferré a mi abrigo de invierno pero, como una concesión al cambio de temperatura, dejé mi bufanda de lana, mi sombrero y mis guantes. Tomando mi bastón de tres picos salí alegremente al pórtico que lleva directamente a la calle. Levanté la cara hacia el sol, dándole una sonrisa de bienvenida en reconocimiento por su calidez y su promesa.

Mientras caminaba por la calle cerrada donde vivo , mi vecino me saludó con un "hola" musical y preguntó si deseaba que me condujera a alguna parte. "No, gracias" respondí. " Mis piernas han estado descansando todo el invierno y mis articulaciones necesitan desesperadamente de ejercicio, así que iré caminando".

Al llegar a la esquina aguardé, como era mi costumbre, a que alguna persona me permitiera atravesar con ella la calle cuando el semáforo estuviera en verde.

El sonido del tráfico me pareció un poco más largo que de costumbre, y sin embargo, nadie se ofreció a ayudarme.
Permanecí allí pacientemente y comencé a canturrear una melodía que recordaba. Era una canción de bienvenida a la primavera que había aprendido de niña en la escuela.

De repente, una voz masculina, fuerte y bien modulada, me habló :
"Parece un ser humano muy alegre", dijo. "¿Me daría el placer de acompañarla al otro lado de la calle?".

Adulada por tanta caballerosidad, asentí sonriendo, musitando un "sí" apenas inteligible.
Con amabilidad me rodeó el brazo con su mano y bajamos de la acera.
Mientras avanzábamos lentamente, habló del tema más obvio -el clima- y qué bueno era estar vivo en un día como aquel.

Caminábamos al mismo paso y era difícil saber quién conducía a quién.
Apenas habíamos llegado al otro lado cuando una y otra vez comenzaron a escucharse las impacientes bocinas; seguramente había cambiado el semáforo.

Dimos algunos pasos más para alejarnos de la esquina.
Me volví hacia él para agradecer su ayuda y su compañía. Antes de que hubiera pronunciado una palabra, me habló:

"No sé si sabe", dijo, "qué grato es encontrar a alguien tan alegre como usted que acompañe a un ciego como yo a atravesar la calle".
Aquel día de primavera ha permanecido en mi memoria por siempre.

martes, 5 de junio de 2007

Juan Pablo y los jovenes

Se ajustó las gafas y se pasó la mano por el pelo mientras la farmacéutica despedía al cliente que acababa de ser atendido. La mujer lo miró, esperando. Él, nervioso, se aseguró, que nadie le miraba fijamente. “Dime, chaval, ¿qué te doy?”, le insistió la licenciada con hastío. Sudando, le respondió con un susurro: “Una caja de preservativos, por favor”.

Un minuto después salió de la tienda con un paquete en la mano. De pronto, se detuvo, sacó un crucifijo que llevaba al cuello. Miró el paquete, observó la imagen y, sin saber qué hacer, se fue rápido sin mirar atrás.