martes, 8 de octubre de 2013

Cuento para hoy.

Había una vez un rey que quería ir de pesca. Llamó al hombre del tiempo y le preguntó que haría en las próximas horas. Éste le tranquilizó diciéndole que no llovería.Y como su novia vivía cerca de donde iría, se vistió para la pesca con sus mejores galas.

De camino, el rey se encontró con un campesino montado en su burro que al verle le advirtió de que era mejor que se volviera pues iba a llover muchísimo.

El rey siguió su camino creyendo que lo mejor era seguir el consejo de su meteorólogo.

Y he aquí que al poco llovió torrencialmente, el rey se empapó y su novia se rió de él a carcajadas. Furioso volvió a palacio y despidió inmediatamente a su empleado. También mandó llamar al campesino y le ofreció el puesto  de asesor meteorológico. El campesino se disculpó diciendo que en realidad le dijo que llovería porque cuando las orejas de su borrico solían estar caídas quería decir que llovería. Y el rey entonces contrató al burro.

Esto habla mucho de la gran inteligencia de los monarcas y da comienzo a la tradición de contratar burros como asesores para los puestos mejor remunerados en los gobiernos.