lunes, 18 de abril de 2011

Las torres se van por fin de los montes de Triano

Crónica del despropósito aquí.
Aunque nos alegramos y estamos seguros de que la naturaleza lo agradecerá,nos preguntamos porqué los humanos de Ortuella tenemos que vivir tantos años con estos monstruos pegados a nuestras casas y hasta cuando tendrá que esperar nuestra salud. Queremos ser tan importantes como cualquiera de los seres vivos de este biotopo protegido.

7 comentarios:

juan C. dijo...

Es bueno saber que se les puede vencer.
Todo esto nos da esperanzas a los demas.

juan C. dijo...

Es bueno saber que se les puede vencer.
Todo esto nos da esperanzas a los demas.

Anónimo dijo...

Seremos tan importantes como los animales cuando nos cambien al alcalde....

Txabi dijo...

Animo a los de Izate.Y que tomen nota nuestros políticos de Ortuella.Vivir rodeados de lineas de alta tensión no es inevitable , pero hay que mojarse el culo si queremos algo.

Plural / Anitzak dijo...

Aste honetan Meatzaldera hurbilduko gara bertako errealitatea ezagutzeko, horretarako Trapagako Basetxe gaztetxeko Anderrekin hitz egingo dugu “Meatzaldean gazteok bizi eta lan“ izeneko ekintzari buruz. Eta beste alde batetik, Anitzak/Plural elkarteko Rafarekin egongo gara. Rafarekin Urtuellan goi-tentsioko linekin daukaten arazoak ezagutuko ditugu.

Audioa: http://www.pititako.net/sonidos/informatzen/20110428_herriak_bizirik_11_anitzak_trapaga.mp3

Info gehiago:
http://pluralanitzak.blogspot.com/

Anónimo dijo...

El medio ambiente natural está trastocado desde la aparición de campos electromagnéticos artificiales. En los últimos tiempos se ha producido un espectacular aumento del fondo electromagnético, originado por líneas de transporte eléctrico, transformadores, antenas emisoras de telefonía, radio y televisión, radares, aparatos eléctricos, teléfonos móviles, teléfonos inalámbricos, electrodomésticos, etcétera, dando lugar a lo que podemos denominar: contaminación electromagnética. Nos encontramos sometidos constantemente a radiaciones artificiales de forma indiscriminada, a pesar de los consabidos riesgos que ello supone y, lo que es más grave, de hecho continúa aumentando sin ninguna clase de control, pues la ausencia de legislaciones coherentes con la problemática permite esta exposición incontrolada. Por todo ello, podemos afirmar que el delicado equilibrio del medio ambiente natural ha sido substancialmente alterado.El umbral de riesgo viene marcado por la sensibilidad o predisposición personal, aunque existen unos valores límite orientativos, concebidos en base a las investigaciones independientes realizadas. Si bien, en principio, cualquier variación de los niveles de radiación natural tiene un efecto biológico sobre los organismos expuestos .

Anónimo dijo...

Bien es conocido el seísmo de 9 grados en la escala Richter ocurrido en Japón el pasado 11 de marzo a las 14h46, que generó posteriormente un tsunami devastador que ha dejado más de 27.000 muertos y uno de los peores accidentes en una central nuclear.

La Agencia de Seguridad Nuclear elevó la escala del accidente de Fukushima de un nivel 5 al nivel máximo de 7, equiparándolo con el que sucedió hace 25 años en Chernóbil. Pese a ello:
Wolfgang Weiss, presidente de el Comité Científico de las Naciones Unidas para el Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas (UNSCEAR por su sigla en inglés), declaró que el accidente no tendría graves repercusiones para la salud de las personas, según la información disponible hasta el momento.
El Parlamento Europeo ha aprobado sospechosamente, mediante el Decreto de Urgencia 297/2011 de 27 de marzo, triplicar el nivel de radiación permitida en los alimentos, al igual que lo hizo en 1987, tras el desastre de Chernóbil.
Además, por si fuese poco este relativismo frente al riesgo, podemos encontrar artículos como "faltan pruebas sobre los efectos de la radiación" (página 2).

Por tanto, si algunas autoridades y especialistas minusvaloran los riesgos sobre la salud de elementos radioactivos como el yodo o el cesio 134 y 137 -y otros deshechos nucleares-, mejor no pensar acerca de lo que pueden infravalorar las radiaciones no ionizantes, como las generadas por la telefonía móvil.